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BLW: Aquí se come con las manos

BLW

Soy Ana Sofia y el 1 de marzo de 2016 cambió mi vida para siempre. Estaba embarazada. Desde entonces comencé a preocuparme un poco más por mi salud y la de mi futuro hijo/a. Con la llegada de Lucia empecé a leer libros de maternidad varios, prestando especial atención al de Carlos González “Un regalo para toda la vida”, una guía muy completa sobre la lactancia materna (LM), la que seguimos practicando a día de hoy. Ahí descubrí las siglas BLW y empecé a investigar. Leí el “siguiente” libro de Carlos González, “Mi niño no me come”, y acordé con mi marido que comenzaríamos la alimentación complementaria (AC) de Lucia practicando el método Baby Led Weaning (BLW).

Nos costó convencer a algunos familiares. Pero nosotros lo teníamos claro. Evitaríamos así las papillas de cereales y los potitos industriales… Sabíamos que el BLW fomentaba la autonomía del bebé, convertía el momento de la comida en un acto social y, lo que es más importante, no forzaba al bebé a hacer nada. Yo tenía muy claro que no iba a presionar a mi hija a comer algo que yo misma no me comería.

Antes de seguir, os remito a la web BLWMetodo.com para conocer de cerca el método. En qué consiste, cuándo comenzar, qué precauciones tomar…

Nosotros empezamos con la patata. Y… ¡pam! Le salió una reacción alérgica. Dejamos de darle patata, pero probamos con zanahoria, plátano, sandía, pollo… todo le gustaba. Algunos alimentos le costaba más gestionarlos que otros, pero se las apañaba. Y si no, se lo machacábamos. No hemos tenido ningún gran susto por atragantamiento, uno de los mayores temores de los padres.

Lanzada sobre el plato.

Cuando introdujimos unas cuantas verduras y frutas, pollo y merluza, nos estancamos. Me di cuenta de que siempre comía lo mismo. Fue entonces cuando me leí por recomendación de María, de BLWMétodo.com, “El niño ya come solo” de Gill Rapley, y todo cambió. Comencé a introducir alimentos y en pocas semanas estaba probando nuestros platos (sin sal, siempre).

Plato BLW: garbanzos, pollo, tomate y arroz.

Arroz, pasta, legumbres, carne, pescado, puré de verduras… todo lo comía con las manos. Y todo le encantaba. ¡Por no hablar de las frutas! Plátano, sandía, melocotón, pera, manzana, fresas, granada, nísperos, ciruelas, naranjas, kiwis… Come más variedad de fruta que cualquier adulto que conozco, incluida yo misma.

Lucia es muy fan de la sandía.

Cuando cumplió el año volvimos a introducir la patata, pero la rechazaba. No la forzamos, pero sí probamos que no le saliera ningún tipo de reacción. A los dos o tres meses, por ella misma, comenzó a comer patata.

SIN AZÚCAR, POR FAVOR

Evitamos al máximo que coma productos con azúcar añadido. Tiene la suerte de que a su madre le encante la repostería y le haga tortitas, bizcochos o galletas saludables. No todas le gustan. Pero hay que ir probando. Toma galletas de forma muy ocasional y no ha probado la bollería industrial. Sé que llegará el día que lo probará y le gustará. Pero si podemos retrasar esa fecha, mejor. De hecho, ahora, con 18 meses, ha probado el chocolate… del 90% de pureza. ¡Y le encanta!

A DÍA DE HOY

Hemos pasado muchas rachas: La de amar el brócoli; la de detestar el brócoli; querer que le diera yo la comida; la de no aceptar que nadie le ayude a comer; lanzar toda la comida por los aires; la de intentar comer hasta las sopas con las manos… pero todo pasa. O casi todo. A día de hoy, Lucia come prácticamente de todo. No tiene horarios fijos. Intentamos que coma cuando lo hacemos nosotros. Pero hay días que no lo hace porque duerme o está cansada. A veces merienda cuatro veces y no cena; otras llega la hora de comer y devora el plato como si fuera un adulto, otras tiene suficiente con un poco… Aunque en ocasiones sigue comiendo con las manos, ya ha empezado a gestionar ella sola los cubiertos.

Inconvenientes del BLW

Uno de los mayores “inconvenientes” del BLW y de comer saludable son los eventos sociales: cumpleaños, salidas al parque, comidas con otros niños. Yo recurro a llevar un plátano en el bolso, mientras repito una y otra vez “Lucia no come eso” cuando le ofrecen dulces, helados, gusanitos… Hay quien aun me mira raro. Imagino que igual que yo miro al padre que da zumos industriales o golosinas a un bebé de menos de un año.

Comiendo ensalada, con 18 meses.

Pero a mí no me importa. Lucia es feliz comiendo sano. Y da gusto verla comer. Y no lo digo porque sea mi hija. Lo digo porque nunca hemos tenido problemas para que coma, porque se ha adaptado siempre a las circunstancias y nosotros, también.